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Los sistemas de pago deben adaptarse al comercio móvil

Originalmente, el e-commerce establecía su actividad a través de un determiando sitio web y se buscaba la forma de enviar tráfico hacia el. Sin embargo, actualmente, el tráfico que llega hasta estos sitios proviene también de los dispositivos móviles y las redes sociales, dando paso a nuevos canales y formas de comercialización denominados m-commerce y F-commerce .


En países como el Reino unido, esta tendencia aumenta considerablemente y el gasto destinado a las marketing a través de teléfonos móviles se espera que alcance las 275 millones de libras el próximo año, mientras que sitios de ventas como Facebook podría llegar a los 30.000 millones para el 2015.


Si bien en ese país representan sólo una pequeña parte de todos los minoristas, esta tendencia nos ofrece nuevas pistas sobre la forma en que pueden darse las interacciones entre ellos y los consumidores. Sin embargo, el gran problema para los minoristas es cómo van a manejar los nuevos riesgos asociados con los pagos a través de estos nuevos canales, y como también los estafadores buscan sus vulnerabilidades y la forma de cómo explotarlos.


Contrariamente a la creencia popular, las aplicaciones no son el principio y el final de todo cuando se trata de comercio móvil. En la mayoría de los casos, están en mejores condiciones para impulsar la información sobre los productos y para alentar el gasto a través de otro canal, sea en tienda o a través de una página web. Para muchos minoristas que quieren impulsar el comercio móvil, tener un sitio optimizado con un sistema de “un-clic” para el pre-registro puede ser la forma más eficaz de hacerlo.


Las aplicaciones y los sitios de comercio móvil pueden ser costosos de desarrollar, así que las marcas deben asegurarse que exista realmente una demanda antes de realizar tal inversión. Los minoristas, también deben considerar los factores de riesgo asociados con el comercio móvil pues el fraude en ese campo aún es poco conocido y el riesgo es aún más complejo de los otros medios de comercio convencionales, con herramientas de seguimiento de IP y geolocalización IP menos precisas.


Controles adicionales como 3D Secure no están debidamente adaptados a la experiencia de pago móvil para que los minoristas puedan o no optar por utilizarlas, lo que a su vez, aumenta el riesgo de transacciones fraudulentas.


Las redes sociales ofrecen un tipo diferente de oportunidades, la capacidad de crear conversaciones con los clientes y desarrollar estas relaciones para el lucro. El tiempo medio empleado en Facebook es ahora de 55 minutos al día, lo que representa una gran oportunidad para las marcas si juegan bien sus marcas.


Facebook está respondiendo de buena forma a esto al poner en marcha su propio sistema de créditos para los consumidores, una moneda virtual que permite a las personas comprar artículos a través de F-Commerce, su plataforma propia de comercio, lo que parece ser el paso lógico que debía dar.


Aunque la mayoría de ‘tiendas Facebook’ existen sólo en Estados Unidos, el fenómeno está cruzando el estanque, con marcas de moda a la cabeza y el comercio a través de esta plataforma.


Es razonable suponer que, como los medios de comunicación social y los minoristas están cada vez más alienados y los consumidores quieren tener acceso a estos servicios a través de dispositivos móviles, los pagos a través de facturación móvil podrían convertirse en un paso natural.


Es en este punto que los operadores de telefonía móvil tendrán la oportunidad de participar más activamente en el proceso de pagos, limitando potencialmente los métodos de pago y el cobro de comisiones altas. Con un número de diferentes redes de telefonía móvil, esto podría ser costoso para los minoristas que intentan hacer negocios de esta manera. Será fundamental que éstos tengan una vista real de los pagos procedentes de dentro o fuera de su negocio, a través de todas las nuevas vías.


Pero los minoristas por naturaleza no toman riesgos, con lo que es poco probable que comiencen a incursionar fuerte en el m-commerce y el F-commerce hasta no ver que los clientes y distribuidores se sienten cómodos y seguros.


De hecho, la investigación encontró que el 73% de la población no compra artículos físicos a través de las redes sociales debido a la preocupación sobre su seguridad y privacidad. Por esta razón, el pago en efectivo por los bienes comprados en línea podría llegar a ser cada vez más popular, mientras que los minoristas deben optar a estos programas que traen consigo riesgo de fraude o de repudio.


Es evidente que el crecimiento de las compras en línea no muestra signos de ralentización y que las marcas necesitan mantenerse al día. Los consumidores ahora esperan ser capaces de interactuar con una marca a través de diferentes canales que terminen ofreciendo una ruta directa al pago.
Fuente: puromarketing.com

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